El Pacto por México de 2013: muestra del alcance de consensos

La victoria apabullante de Claudia Sheinbaum y Morena en las elecciones del domingo pasado supone serios riesgos para la democracia mexicana, entendida ésta como un sistema político caracterizado por un sistema de contrapesos, una Suprema Corte independiente, la existencia de organismos autónomos, el respeto a las leyes y la representación de las minorías.

Con sus nuevas mayorías en el Congreso federal y en los congresos locales, la presidente Sheinbaum podrá prescindir de todo procedimiento de diálogo con las otras fuerzas políticas para alcanzar consensos hacia la reconfiguración de un nuevo marco constitucional.

En contraste, echemos un vistazo al Pacto por México, léase, el gran logro legislativo de Enrique Peña Nieto en el año 2013. El PRI, sin mayoría ni absoluta ni calificada, y apenas en alianza electoral con el corrupto Verde, impulsó una serie de reformas constitucionales que conducirían a buenos avances en materia de recaudación fiscal, educativa y de telecomunicaciones.

Para ello fue necesario alcanzar consensos. Echando mano de sus talentos negociadores (sí, también a cambios de prebendas y ofertas políticas) Peña y el PRI fueron capaces de articular consensos.

Su diálogo con el PAN hizo posibles las reformas constitucionales en materia educativa, energética y telecomunicaciones ( el lector perdonará si pierdo de vista alguna otra) mientras que con el PRD implementó la reforma fiscal, misma que permitió en alguna medida la “despetrolización” de la economía del Estado y un aumento modesto de los ingresos públicos.

En todo caso, el PRI, a pesar de no tener mayorías (el partido de Peña y el Verde apenas alcanzaban 241 diputados y 61 senadores) hizo posible reformas de gran calado que se tradujeron, a pesar de sus detractores, cuyas críticas vienen más desde el interés político, en buenos resultados coyunturales para el país.

El Pacto por México ejemplifica espléndidamente lo que debe ser una alianza legislativa, donde el jefe del Estado mexicano, a pesar de no tener mayorías que pueden conducir a una autocracia popular (Jesús Silva- Herzog Márquez) dialoga con las fuerzas de oposición.

Sheinbaum y su aplanadora, al igual que lo hizo AMLO durante sus primeros tres años de gobierno, lucen dispuestos a atropellar a las minorías legislativas, mismas que representan, aunque no lo quieran ver, a una tercera parte del país.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *